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martes, 1 de febrero de 2011

El Destino.

El destino es un constructo metafísico y como tal está sometido a interpretaciones.
El destino sería la sucesión incognoscible e inevitable de acontecimientos que ocurren en diferentes lugares y tiempos cuya consecuencia del pasado que afecte uno o más hechos futuros, así como la red de posibilidades del futuro a causa de las acciones presentes y los acontecimientos pasados.
Nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada.1 Todo tiene una causa, y si tiene una causa estaba predestinado a existir desde el momento en que la causa surgió.

El tema del destino está íntimamente relacionado con el determinismo.
El determinismo es una doctrina filosófica que sostiene que todo acontecimiento físico, incluyendo el pensamiento y acciones humanas, están causalmente determinados por la irrompible cadena causa-consecuencia. Existen diferentes formulaciones de determinismo, que se diferencian en los detalles de sus afirmaciones: determinismo fuerte y determinismo débil.

Una vez explicado los conceptos de destino y determinismo pasaré a dar mi punto de vista acerca de la capacidad de estos para influir o determinar nuestras conductas, sentimientos y para más inri nuestras vidas.

Si bien es cierto que todo lo que tiene lugar en el mundo es causado por algo, exceptuando el momento de la creación, hecho que carece de causa o que tiene la causa en sí misma, el ser humano desde el momento de su nacimiento tiene marcado el desencadenamiento de toda su vida.
Porque daos cuenta de algo; desde el momento en que nuestros padres saben que van a tener un niño ese niño ya está predeterminado a ser rico, pobre, más o menos inteligente, más o menos social, todo está en nuestro cerebro, en nuestra genética en nuestro entorno, no somos lo que nosotros queremos ser, ya que nuestro deseo también está condicionado y determinado por millones de factores que se escapan de nuestro control.

Hasta los sentimientos están predeterminados, el amor que puedes llegar a sentir por alguien escapa de tu control, tú no eliges el momento de enamorarte, ni la persona de la que te enamoras , ni siquiera elegimos la manera con la que amamos, por tanto si nosotros no lo elegimos y según el determinismo la suerte o azar no tienen ninguna valía, ¿quién elige? ¿Quién nos manda que actuemos y la forma con la que debemos hacerlo?
Según millones de experimentos y estudios científicos exponen que nuestros genes, nuestra educación, nuestro ambiente, nuestras neuronas, hasta lo que comemos juegan un papel crucial y determinante en todas nuestras conductas, pero, aunque esto sea cierto e influya de manera elemental sobre lo que somos.

Nosotros también influimos en la configuración de nuestro destino y nuestra propia persona, por lo que me aventuro a afirmar, puesto que es muy triste pensar que somos simples medios mediantes los cuales los cerebros desempeñan sus funciones, que nosotros junto con el destino jugamos un mano a mano en el juego de la vida.

Tal vez sólo exista una forma en que puede caer un dado cuando se lanza de una forma determinada… Pero si ni tú, ni el dado, ni el universo lo «saben», parecen razones suficientes para decir que el resultado depende realmente del puro azar.